El propósito de Dios nunca fue limitarse a crear un sistema de creencias que conduzca al cielo. Se ha perdido el verdadero sentido y propósito de la existencia de la iglesia. Esta debía ser un hogar para los solitarios; una vida radical de amor donde todos los creyentes vivieran unidos y compartieran todo en común (Hechos 2:44 y 4:32). Pero ese propósito se está recuperando ahora mismo.
Existen lugares en todo el mundo donde se está restaurando el evangelio; una restauración que lo exige todo y crea espacios donde las personas comparten todo. Lugares donde la gente habita unida en armonía (Salmos 133:1-3) y donde los padres pueden volver sus corazones hacia sus hijos.
Una gran familia extendida donde nos ayudamos mutuamente. Estamos contigo.
