Nuestra vida está basada en la obediencia a las palabras del Mesías Yahshua, como está escrito en la Biblia, la Palabra de Dios:
«Por medio de quien hemos recibido la gracia y el apostolado para promover la obediencia a la fe entre todos los gentiles, por amor a su nombre.»
— Romanos 1:5
«Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia.»
— 2 Timoteo 3:16
Él es el Hijo de Dios, quien desde siempre existió como Dios, y a través de quien todas las cosas fueron creadas:
«En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio con Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de él, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.»
— Juan 1:1-3
Por su gran amor a la humanidad dejó la posición tan alta en la que estaba con Dios y se hizo un ser humano, milagrosamente concebido por el Espíritu Santo en el vientre de una joven virgen hebrea llamada Miriam (en español, María):
«...el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó de sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres.»
— Filipenses 2:6-7
«El nacimiento de Yahshua el Mesías fue como sigue. Estando su madre María desposada con José, antes de que se consumara el matrimonio, se halló que había concebido por obra del Espíritu Santo.»
— Mateo 1:18
Al haber nacido de madre humana, pero no de padre humano, fue libre de la esclavitud del pecado, tal como fue Adán, el primer hombre, cuando fue creado:
«Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por un hombre, y la muerte por el pecado, así también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron.»
— Romanos 5:12
«Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en él.»
— 2 Corintios 5:21
Él pudo caer, como Adán, pero (al contrario que Adán), eligió no pecar, por causa del propósito de su Padre, para poder ofrecer su vida, perfecta y sin pecado como pago por los pecados de todos nosotros. Por esta razón, voluntariamente rindió su vida para morir como un criminal, siendo torturado, burlado y crucificado:
«Por eso el Padre me ama, porque doy mi vida, para tomarla de nuevo.»
— Juan 10:17-18
Durante tres días y tres noches, en el corazón de la tierra, su alma experimentó toda la agonía de la muerte que nosotros merecíamos por nuestros pecados, para después levantarse de entre los muertos por el poder del Espíritu Santo:
«...porque como estuvo Jonás en el vientre del monstruo marino tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre tres días y tres noches en el corazón de la tierra.»
— Mateo 12:40
«Pero vemos a aquel que ha sido hecho un poco inferior a los ángeles, es decir, a Yahshua, coronado de gloria y honor a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios probara la muerte por todos.»
— Hebreos 2:9
«...que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras.»
— 1 Corintios 15:4
Él ascendió al cielo y envió a la persona que es su Santo Espíritu a la tierra a morar en el corazón de los hombres, dando a sus discípulos el poder de obedecer sus enseñanzas y vivir una vida de amor que será una luz a todas las naciones:
«Así que, exaltado a la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.»
— Hechos 2:33
«Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros; que como yo os he amado, así también os améis los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros.»
— Juan 13:34-35
Aquellos que viven por su Espíritu están en el Cuerpo del Mesías, una nación santa. Creemos que el Cuerpo del Mesías debe ser como enseña la Biblia:
«Os ruego, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Yahshua el Mesías, que todos os pongáis de acuerdo, y que no haya divisiones entre vosotros, sino que estéis enteramente unidos en un mismo sentir y en un mismo parecer.»
— 1 Corintios 1:10
De lo contrario, no sería su Cuerpo, porque Él no puede estar dividido en denominaciones:
«¿Está dividido el Mesías? ¿Acaso fue Pablo crucificado por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo? [...] ¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él, porque el templo de Dios es santo, y eso es lo que vosotros sois.»
— 1 Corintios 1:13; 3:16-17
«...idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones, sectarismos, envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes, contra las cuales os advierto, como ya lo he hecho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.»
— Gálatas 5:20-21
También creemos que el documento bíblico de esta vida «como comunidad» es la única manera en la que el Espíritu Santo puede vivir en la tierra:
«La congregación de los que creyeron era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo lo que poseía, sino que todas las cosas eran de propiedad común. Con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Yahshua, y abundante gracia había sobre todos ellos. No había, pues, ningún necesitado entre ellos, porque todos los que poseían tierras o casas las vendían, traían el precio de lo vendido, y lo depositaban a los pies de los apóstoles, y se distribuía a cada uno según su necesidad. Y José, un levita natural de Chipre, a quien también los apóstoles llamaban Bernabé (que traducido significa hijo de consolación), poseía un campo y lo vendió, y trajo el dinero y lo depositó a los pies de los apóstoles.»
— Hechos 4:32-37
«Y nosotros hemos llegado a conocer y hemos creído el amor que Dios tiene para nosotros. Dios es amor, y el que permanece en amor permanece en Dios [...] Pero el que tiene bienes de este mundo, y ve a su hermano en necesidad y cierra su corazón contra él, ¿cómo puede morar el amor de Dios en él?»
— 1 Juan 4:16; 3:17
Él se sienta ahora a la diestra de su Padre, en el cielo, esperando el tiempo en que todas las cosas sean restauradas y sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies, tal como lo dice la Escritura:
«...a quien el cielo debe recibir hasta el día de la restauración de todas las cosas, acerca de lo cual Dios habló por boca de sus santos profetas desde tiempos antiguos.»
— Hechos 3:21
«...pero él, habiendo ofrecido un solo sacrificio por los pecados para siempre, se sentó a la diestra de Dios, esperando de ahí en adelante hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies.»
— Hebreos 10:12-13
Solo entonces vendrá a rescatar a su pueblo e infligir castigo sobre aquellos que rechazan conocer a Dios y rechazan obedecer el evangelio:
«...dando retribución a los que no conocen a Dios, y a los que no obedecen al evangelio de nuestro Señor Yahshua.»
— 2 Tesalonicenses 1:8
Juzgará a todos los hombres, muertos y vivos, de acuerdo a la palabra que ha hablado:
«Y nos mandó predicar al pueblo, a testificar con toda solemnidad que este Jesús es el que Dios ha designado como Juez de los vivos y de los muertos.»
— Hechos 10:42
«El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue: la palabra que he hablado, esa lo juzgará en el día final.»
— Juan 12:48
Por su gracia, hemos pasado de la muerte a la vida, a través de la fe que nos dio cuando escuchamos y creímos su palabra:
«Así que la fe viene del oír, y el oír, por la palabra del Mesías.»
— Romanos 10:17
«En verdad, en verdad os digo: el que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna y no viene a condenación, sino que ha pasado de muerte a vida.»
— Juan 5:24
Sabemos que esto se habrá cumplido si amamos como Él nos mandó:
«Hermanos, no os maravilléis si el mundo os odia [...] En esto conocemos el amor: en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos [...] Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, como él nos ha mandado.»
— 1 Juan 3:14, 16, 23
Es por amor a Él, quien nos amó primero, por lo que vivimos de esta manera, no más para nosotros mismos, sino para aquel que murió y resucitó por nosotros:
«Pues el amor de Cristo nos apremia, habiendo llegado a esta conclusión: que uno murió por todos, por consiguiente, todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.»
— 2 Corintios 5:14-15
Somos una hermandad espiritual y nuestro amor va más allá de las fronteras de la nacionalidad, la raza o la cultura. Nuestra vida espiritual y el amor que compartimos vienen del Dios que es amor, el que ha hecho todas las cosas buenas.
Nunca tuvimos la intención de formar una comunidad o de hacer un grupo con una causa común. Nuestra forma de vida ha ido surgiendo de una manera natural. Hace más de 20 años, un hombre y su mujer, tocados por el gran amor de nuestro Creador, entendieron que Él nos cuida con ternura y quiere que escapemos de la muerte y de la decadencia que nos rodea. Se dieron cuenta de que Dios proveyó un sacrificio para nuestros pecados... una salida del ciclo vicioso de dañar y ser dañado.
Lo único que sabían era que debían compartir su fe con otros, invitar a la gente a su casa y amarles de una forma práctica. Los que les visitaban se encontraban con gente dispuesta a sacrificar su propio tiempo, su energía y posesiones por causa de los demás. Se les presentaba un Dios con un amor tan grande, que Él mismo eligió experimentar la muerte por nosotros, para que no tuviéramos que pagar por nuestro propio pecado en la muerte.
Y mientras este amor se levantaba en sus corazones, como el sol al amanecer, muchos visitantes sentían ganas de amar como Él amó, ya no viviendo para sí mismos, sino para Él, que sufrió la muerte y la venció por causa de ellos. Confiando en este Dios empezaron a obedecer Sus mandamientos, amándole con todo el corazón, alma y fuerzas, y amándose unos a otros como Él les amó. Cuando empezaron a hacerlo, una comunidad se formó como resultado inevitable.
No nos consideramos como un nuevo testimonio religioso. No nos hemos inventado una nueva enseñanza, ni reclutamos «seguidores». Nosotros hemos respondido al amor y hemos empezado a obedecer lo que está escrito en la Biblia desde hace miles de años. En un principio éramos pocos, pero pronto, más gente de diferentes nacionalidades se unieron a nosotros. Y pronto esta vida de amor se extendió a otras naciones.
Nos consideramos parte de la restauración de todas las cosas, algo hablado por los santos profetas de la antigüedad. Nuestra vida es comparable a la vida tribal que experimentó Abraham. Nuestros corazones se están volviendo hacia nuestros antepasados, no de sangre, sino los hombres de fe que nos precedieron y sufrieron mucho por mantenerse fieles y verdaderos a su Dios. Y al mismo tiempo, nuestros corazones se están volviendo hacia nuestros niños para educarles y enseñarles a guardar el camino de nuestro Dios, haciendo lo que es justo y bueno. Y de esta manera esperamos ver el cumplimiento de la promesa que Dios hizo a Abraham.
Somos comunidades mesiánicas, porque vivimos con la esperanza de la vuelta del Mesías y nos preparamos para Él. Este no es el nombre de una organización; cada comunidad es libre de llamarse como quiera. Para nosotros, la palabra «comunidad» es muy rica en significado. Significa: la reunión de los que se aman tanto, que tienen un solo corazón, una sola mente y voluntariamente comparten todas sus posesiones viviendo juntos, comiendo juntos, encomendados unos a otros, porque estamos sometidos al que nos salvó de la muerte y la miseria.
